Nadie encuentra lo que no está... buscando.
No es verdad que las cosas aparecen de pronto; que, sorpresivamente, cuando para la lluvia, vemos una hermosa flor en el tallo en el que antes no había nada. Allí hubo, por lo menos, un capullo cerrado, algo que estaba por abrirse, por transformarse en flor...
Cuando un hombre encuentra a una mujer, cuando una mujer encuentra a un hombre, los dos estaban buscandose. Por soledad. Por dolor. O por ganas de revivir la vida insuflandole oxigeno a los pulmones. O porque sí. ¿Por qué explicarlo todo? ¿por qué decir que la causa, el efecto, que la casualidad no existe?
Nadie encuentra lo que no está buscando.
¿Por qué crees que vos y yo nos encontramos?
¿Desde donde venías acercandote?
¿Desde cuándo yo esperaba que llegaras?
¿Por qué yo?
¿Por qué vos?
¿Por qué nosotros?
¿Por qué crees que no te desviaste, con otro rumbo, que no fuiste más hacia el sur o más al norte?
¿por qué?
Porque los dos estábamos buscándonos.
Porque desde aquella lejana, lejanísima primera vez que nos vimos, quedó un delgado, finísimo, invisible hilo uniéndonos... un hilo que nada puede cortar, un hilo que atraviesa paredes, muros, montañas... un hilo indestructible que no soltaste, que no solté y que al fin volvió a reunirnos para que la historia termine su retrato, tal vez poniendo un poco menos de tonalidad en la paleta o distintos colores y brillos, pero retornando a los dos mismos protagonistas: vos y yo.
Cuando un hombre encuentra a una mujer, cuando una mujer encuentra a un hombre... los dos estaban buscándose. Nadie encuentra lo que no está buscando.
¿Me entendés ahora?

No hay comentarios:
Publicar un comentario